Por quién doblan las campanas

“La patria, posiblemente, es como la familia, sólo sentimos su valor cuando la perdemos ”

Gustave Flaubert

Los estertores de México se escuchan hasta el más remoto rincón de la patria, como preludio de su muerte a manos de una horda depredadora que tiene desangrando al país, como si no bastara la cuota de sangre durante los movimientos independentista y revolucionario; la ruindad de estos resentidos sociales, masacra sin distingo a miles de ciudadanos a manos de su brazo armado los narcoterroristas.

El derramamiento de sangre en las justas de 1910 y 1917, libertaria y revolucionaria que derivó en el Estado republicano, parece que no fue suficiente; en contraste, el resentimiento social y una desmedida ambición de poder y riqueza de malparidos que  pregonaron el evangelio del  caudillo de la chingada “primero los pobres”, hoy mantienen en un permanente baño de sangre al país y luto en miles de hogares.

Una mayoría desde la cotidiana indiferencia, normalizó el asesinato de México. Esta mayoría, sabe que al paso que vamos México morirá, y habiendo exhalado su último aliento, entonces será tarde, muy tarde, y hasta ese día, comprenderá que la patria que los vio nacer ha sido destruida, sin que siquiera haya algún intento para para evitarla.

Al momento de escribir estas notas-junio 2026-a pesar que una abrumadora mayoría parecen no inmutarse por el deterioro de sus vidas, mientras los menos salen a la calles a protestar, a exigir respeto a la vida, a la libertad, a sus derechos humanos y constitucionales, el narcogobierno responde con la represión que tanto denunció en el pasado y continúa con la destrucción del país y el saqueo de las arcas de la nación. 

Mientras esto sucede, regresa a las calles, barrios y colonias, la ya tradicional y devota procesión de acólitos opositores (ironía), asegurando ser ellos la encarnación viva del mesías que traerá consigo un verdadero cambio en la vida de los que menos tienen. Mientras repiten su perorata, regalan y también venden enseres domésticos, tinacos, calentadores solares, pantallas de TV, etc., sin transparentar el origen de los recursos utilizados.

Conversos al culto del erario, confirman en cada proceso electoral su devoción por el dinero fácil de los contribuyentes. Aún sin haber concluido el periodo de su cargo, por enésima vez recorren sus territorios como jefes de “plaza” en busca de garantizar para sí y sus familias, una vida cómoda y holgada, siguiendo la máxima popular “vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”. 

Las campanas doblan por la patria